Creas contenido. Hablas de tu trabajo. Te muestras en las redes.
Pero hay algo que sigues sin decir. Algo que censuras porque crees que no es relevante, profesional o interesante para otros.
Esa rareza que escondes (tu singularidad real) es exactamente lo que tu audiencia necesita ver.
Historias y paradojas que te revelan dónde te estás saboteando. Lecciones incómodas que cambian cómo te comunicas (y cómo crece tu negocio).
Porque la claridad no viene de más estrategias. Viene de atreverte a ser quien realmente eres.
You have successfully joined our subscriber list.
Cuando tenía 8 años, le arranché el micrófono a una profesora.
No por rebelde o malcriada.
Si no, para asegurar que el show continúe.
Era uno de los típicos eventos de la escuela y me tocó representar a mi grado. Recuerdo que iba a declamar alguna poesía o algo parecido.
El acto era al aire libre y con un montaje sencillo.
La anfitriona del evento, la profe Lolita, hacía su mejor esfuerzo por llevar el programa y dar paso a los estudiantes que se presentaban.
Era mi turno y, mientras ella sostenía el micrófono, una ráfaga de viento amenazó con llevarse todo lo que estaba en el atril.
En fracción de segundo decidió voltear su cuerpo para proteger los papeles y evitar que salieran volando.
Y en esa misma fracción de segundo, solo atiné a jalar el micrófono de su mano para continuar.
Acto seguido, escucho tremenda carcajada de toda la gente sentada en el patio de la escuela viendo ese mini acto de valentía.
Ahora bien.
Algo que necesitas saber sobre esa niña es que se convirtió en una de esas personas raras a las que no les da miedo hablar en público.
De esas que no le temen salir al frente o estar sobre un escenario.
Es más, es una de esas personas extrañas que lo disfrutan y lo buscan de forma intencional.
A través del ballet, la actuación o el teatro. Incluso al elegir su profesión: la comunicación.
Pero como le resulta tan cómodo el performance y mostrarse en un escenario…
Nunca se dejó ver.
Creer que es lo mismo mostrarse que dejarse ver. Hay una diferencia radical entre ambas. Y gracias a UNA EPIFANÍA, me di cuenta de ella.
Mostrarte es un esfuerzo activo por proyectar la capa más superficial y pulida de ti mismo.
Lo sé porque en mi propia experiencia se disfrazaba en sutilezas como:
Mostrarte, funciona.
Hasta que deja de hacerlo y se convierte en un escudo que te mantiene distante y te vuelve irrelevante.
Y te aseguro que, si quieres que te paguen por lo que haces, lo que menos quieres es ser irrelevante.
El antídoto es dejarte ver. Tarea sencilla, pero nada fácil.
Dejarte ver implica un acto de vulnerabilidad:
Abrir la posibilidad para que otros vean tus rarezas, tus imperfecciones, tus fallos y tus miedos.
Para que vean tu camino, tus aprendizajes, tus conquistas.
Es abrir la puerta para ver más profundo en tu humanidad.
Y esto genera incomodidad. Mucha. Demasiada.
Genera una sensación inconsciente de peligro, tanta que ni siquiera te das cuenta las veces en las que callas, te retraes o te apartas para no dejarte ver.
Lo descubrí tras muchas epifanías.
Al indagar en momentos de mi vida que me mostraron cómo este era mi modus operandi personal.
Era la chica que solo contaba o compartía lo suficiente. Era experta en cambiar la conversación en cuanto sentía que el tema me ponía sensible.
Obtuve un Máster en Evasión Emocional y Autocensura.
Dominé tanto la habilidad que, sin saberlo, terminé por somatizar ese silencio en mi cuerpo.
¿Curiosa contradicción, verdad?
Alguien que se dedica a la comunicación, que busca el escenario, ¿atrapada por su propio silencio?
Y espérate a que te cuente sobre mi PhD en enfermedades respiratorias y cómo eso casi me impidió cumplir un deseo que tenía desde niña.
(Esta historia completa, con su epifanía más cruda, es lo primero que recibes al suscribirte).
You have successfully joined our subscriber list.
Ese instante en el que rompes una capa de autocensura o autoengaño. El momento en el que dejas de esconderte de ti mismo.
Cuando te ves a ti y dejas que otros te vean, tu comunicación (y tu negocio) empieza a cambiar.
Estos destellos de claridad te guían en la dirección exacta hacia lo que quieres.
¿Y sabes cuándo suceden esas epifanías?
Cuando menos lo imaginas.
En la ducha, paseando al perro, lavando los platos o mientras ves un partido de fútbol.
Así me suceden a mí, en el momento más random y ordinario.
Como aquella vez que, incluso con fiebre de 39 grados y dolor de oído, tomé la decisión de empezar un proyecto que pospuse por años.
(Breve spoiler de una de las historias que recibes luego de suscribirte).
Por eso mi misión en este newsletter es tan simple como divertida. Crear el espacio para que tengas esos momentos de verte a ti mismo.
Provocar el mayor número de historias, reflexiones y verdades incómodas que te revelen en dónde te estás escondiendo en tu comunicación.
Enviarte 2 a 3 correos por semana con historias, paradojas que observo, reflexiones que me atraviesan y lecciones que te ayuden a descubrir lo que estabas evitando contar.
Que te impulsen a liberar tus rarezas y hacer dinero con ellas.
Más claro.
Yo provoco el contexto, tú las epifanías.
Y esa provocación empieza aquí:
You have successfully joined our subscriber list.